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Historias · 3 min de lectura

¿Qué es la amistad?

Londres, 17 de Noviembre de 2009

Un grupo de amigos conversa alrededor de una mesa durante una cena

Habían pasado 3 años desde la última vez que había visto a Pedro, y me alegró enormemente que decidiera escribirme aquel día. El mensaje era simple: “¿Wey como estás? ¿Una birra el sábado?”.

Días más tardes me encontraba de camino a uno de los barrios más bohemios del Soho, mientras esquivaba a turistas y locales felices por el efecto de la cerveza, tratando de encontrar el pub donde Pedro me había citado.

Conseguí entrar en el local abarrotado y de puntillas, localicé a Pedro en el fondo del bar, apoyado en la barra y manteniendo una animada conversación con el camarero. Enseguida me vió y me saludó con la mano mientras sonreía y me indicaba con gestos que me acercara. - ¡Que bueno verte de nuevo pendejo! - me dijo con su muy distinguido acento mexicano mientras me daba un abrazo.

En ese momento me di cuenta de lo mucho que había echado de menos las salidas con Pedro, y lo fácil que hacía siempre las cosas a pesar de lo mucho que nos habíamos alejado el uno del otro los últimos años.

No voy a negar que mi falta de humildad me había hecho pasar una mala jugada años atrás, cuando Pedro con la mejor intención, me dijo que el trabajo estaba ocupando demasiado tiempo de mi día a día, y que estaba descuidando muchos otros aspectos importantes de mi vida. El ego propio de los 24 años, me hizo pensar que Pedro no tenía claro lo que quería en su vida, pero que yo sí, y que por lo tanto sacrificar el 90% de mis amistades era el daño colateral de perseguir mis sueños, y estaba dispuesto a aceptarlo. Tres años más tarde, habiendo perdido a casi todos mis amigos, y habiéndome quedado sin trabajo, me dí cuenta de que si el trabajo me costaba la amistad, era un precio a pagar demasiado alto.

Horas más tarde, me salió del corazón darle las gracias por haberme invitado a tomar algo, y también le agradecí haber sido sincero conmigo desde el primer momento, y haberme dicho las cosas tal como eran y no lo que quería escuchar en ese momento.

La cerveza se alargó hasta las 23:45 entre anécdotas y risas recordando los tiempos pasados como universitarios. Cogimos nuestros abrigos para emprender nuestros caminos de vuelta, cada uno a su casa, y antes de despedirnos, Pedro me dijo - Wey que bueno haberte visto, la neta pensé que no me contestarías al mensaje. Me alegro de que ahora tengas el tiempo suficiente para valorar las cosas realmente importantes, se te ve más feliz -

No me hizo falta completar el paseo a casa, para reflexionar en esto último que me había dicho. Entendí, aunque quizás un poco tarde, la importancia de tener buenos amigos, de esos que cuando es necesario te paran, te miran, te escuchan, y luego te dicen lo que necesitas escuchar y no lo que quieres escuchar. Amigos de esos a los que les preocupa de verdad tu vida, tanto, que te exigen como si la vida fuese suya.

A partir de ese momento, me di cuenta, de que, quien tiene un amigo tiene un tesoro, y de que todos deberíamos ser Pedro en la vida de los demás.

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